Mercadona retira once cosméticos de marca blanca tras una petición de Sanidad

No son perjudiciales para la salud

Los cosméticos, de la marca Deliplus, contenían dos compontes que no deben ir asociados. Sanidad indica que no entrañaban riesgo para la salud.

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Mercadona ha retirado once cosméticos de la marca Deliplus por contener dos componentes que no deben ir asociados, si bien, según han confirmado a Efe fuentes del Ministerio de Sanidad, “no entrañan ningún riesgo para la salud de los usuarios”.

La Agencia Española del Medicamento ha considerado, tras estudiar la composición de estas cremas, que no conllevan peligro alguno para la salud pero la legislación indica que no deben venderse productos en los que se asocien dos de los ingredientes que aparecen en su composición. Es por ello que esta Agencia ha declinado emitir una alarma sanitaria sobre su uso, que, según han insistido estas fuentes, no es perjudicial para los ciudadanos.
Se trata de la trietanolamina, que actúa sobre el PH, y del conservante bronopol, ya que la combinación de ambos puede producir nitrosamina, una sustancia inductora de tumores cancerígenos, aunque no en las cantidades que contienen los productos Deliplus.
No obstante, el laboratorio RNB, que comercializa la marca, ha optado por sustituirlos por otros mejorados que ya están a la venta en los supermercados.
Los artículos que han sido reemplazados son, entre otros, una crema nutritiva corporal con aceite de oliva, otra de manos, hidratantes corporales con aloe vera, con efecto luminosidad, reafirmantes, para pies, con almendras, para pieles atópicas y varias lociones after sun.
Por su parte, RNB ha emitido un comunicado en el que comunica a todos los consumidores de sus productos cosméticos que estos tienen “total y absoluta garantía y seguridad“, tanto los que están en los hogares como los que se pueden adquirir en Mercadona.

El laboratorio insiste en que todos sus productos “cumplen los máximos estándares de calidad para el cuidado de la piel y que los consumidores pueden seguir usándolos con total normalidad”, si bien han puesto un teléfono (902548222) a disposición de los clientes que precisen más información.

Devolución de los productos

Fuentes de la cadena de supermercados han puntualizado que los cosméticos han sido ya renovados y que el fabricante demostró en su día “científicamente” a la Agencia Española del Medicamento que estos productos no suponían un riesgo para la salud.

“Ha habido una interpretación diferente de la normativa pero, en ningún caso, se ha demostrado que estos productos fueran perjudiciales para la salud”, han insistido desde Mercadona, para asegurar que los clientes que ya los han adquirido pueden devolverlos y se les cambiará el producto por uno nuevo o, por el contrario, se les devolverá el dinero.

Big Mac, 550 calorías

Hamburguesa. | El Mundo

Hamburguesa. | El Mundo

  • McDonald’s mostará las calorías de sus productos, según la normativa de EEUU

ELMUNDO.es | Madrid

Una hamburguesa Angus Bacon con queso suma 790 calorías; un Big Mac, 550; una hamburguesa sencilla, 250; diez trozos de pollo, 470; una ensalada con pollo, 190; una porción grande de patatas fritas, 500, mientras que una Coca-Cola mediana, 210. A partir de la semana que viene, la famosa cadena de fast-food tendrá que acatar la ley nacional de asistencia sanitaria y revelar el número de calorías de todos sus productos en sus restaurantes de EEUU.

La medida viene a implantar a nivel nacional algo que ya se estaba haciendo desde hace unos años en estados como California o ciudades como Nueva York, donde desde 2008 todos los restaurantes de comida rápida estaban obligados a dar esta información a sus clientes, así como a incorporar comida sana.

El objetivo es rebajar lo que para muchos expertos ha pasado a nivel de ‘epidemia’: la obesidad. EEUU cuenta con cerca de 40 millones de personas con sobrepeso y los datos nacionales indican el importante peso que estos restaurantes juegan.

“Los datos indican que los estadounidenses consumen aproximadamente un tercio de sus calorías en restaurantes, frente a menos de un cuarto que lo hacía en la década de los 70″, explica un portavoz del departamento de Agricultura de EEUU. “Y la gente gasta cerca de la mitad de su presupuesto en comida rápida”.

Pero para llegar a este momento el camino no ha sido fácil. La nueva ley apunta a restaurantes con 20 o más sucursales, así como a puntos de venta minoristas de comida. Entre ellos no podía faltar la franquicia McDonald’s, una de las más reticentes a estas medidas que han tenido que acatar bajo amenaza de multa y por la presión de diferentes grupos de presión de defensa del consumidor y de la salud pública.

Así, cuando el etiquetado con esta información empezó a despegar, la cadena pasó de declaraciones que indicaban que “la empresa se oponía a normas que violaban la privacidad de los consumidores” a lo que actualmente ha explicado Jan Fields, presidente de la cadena en EEUU: “Sabemos que los clientes quieren saber más sobre el contenido nutricional de (lo) que les proponemos, así que no nos oponemos a ello”, indicaba en un comunicado.

La idea es que al tener más información, los clientes piensen en su salud a la hora de tomar uno u otro producto. Esta semana, Glenn Kikuchi, dueño de 10 franquicias de McDonald’s en Maryland explicaba que había visto que cómo esta medida estaba teniendo efecto, ya que “muchas madres lo están mirando e, incluso, muchos adolescentes que quieren cuidar su peso”.

Además, McDonald’s anunció igualmente una serie de iniciativas que piensa adoptar próximamente, como la realización de cursos de nutrición para sus empleados o la elaboración de nuevos menús “con más frutas y verduras”, así como el lanzamiento de un sandwich McWrap “inspirado por McDonald’s Europa”, con vegetales frescos.

Hace más de dos años, Panera Bread Co se convirtió en la primera cadena estadounidense de restaurantes que voluntariamente publicó las calorías en sus tiendas. La cadena de bocadillos Subway ha usado la especificación de calorías para posicionarse como la alternativa más saludable frente a rivales como McDonald’s y Burger King.

Las personas que leen las etiquetas nutricionales se mantienen más delgadas

Fuente: Periódico El Mundo: http://www.elmundo.es/elmundosalud/2012/09/12/nutricion/1347466815.html

El 74% de las mujeres lee habitualmente la información nutricional. | Imagen:Tavallai

El 74% de las mujeres lee habitualmente la información nutricional. | Imagen:Tavallai

  • Un estudio analiza el perfil de los lectores de la información en los envases
  • Los datos revelan que esta información tiene un impacto en el peso del lector

Un equipo internacional de científicos liderado desde la Universidad de Santiago de Compostela asegura que la lectura del etiquetado de productos de alimentación guarda relación con la prevención de la obesidad, sobre todo en mujeres. Según el estudio, elaborado con datos de EE UU, las consumidoras que consultan esa información pesan casi 4 kilogramos menos.

La Universidad de Santiago de Compostela ha participado, junto con las universidades de Tennessee, Arkansas (EE UU) y el Instituto de Investigación de Economía Agrícola de Noruega, en un estudio sobre la relación entre la lectura del etiquetado nutricional y la obesidad.

Los resultados indican que el índice de masa corporal de aquellas consumidoras que leen las etiquetas es 1,49 puntos menor que el de las que nunca consideran dicha información a la hora de hacer la compra. Esto supone una reducción de 3,91 kg para una mujerestadounidense tipo de 1,62 cm de altura y 74 kg de peso.

Los datos se tomaron de la encuesta anual National Health Interview Survey (NHIS), recogida por los Centro Americano para el Control y Prevención de las Enfermedades (CDC) (U.S. Centers for Disease Control and Prevention en inglés). Se recogieron 25.640 observaciones con indicadores de salud, hábitos de consumo y de compra, entre los que se encontraban varias preguntas sobre la lectura de la información nutricional en los supermercados, y la frecuencia de lectura.

“Primero analizamos cuál es el perfil de las personas que leen el etiquetado nutricional en el momento de la compra de alimentos y, posteriormente, su relación con el peso de los individuos”, explica , María Loureiro, autora principal del estudio que publica la revista ‘Agricultural Economics’.

“La obesidad es uno de los problemas de salud más importantes en la actualidad en los EEUU”, destaca la investigadora. “El número de adultos con sobrepeso u obesidad ha aumentado a lo largo de los años. En 2009-2010, más de un tercio (casi el 37%) de la población adulta en este país era obesa y en niños y adolescentes dicho porcentaje alcanzaba un 17%”.

Con respecto a su distribución, se registra una mayor prevalencia de obesidad entre las personas negras no hispanas (49,5%), americanos mejicanos (40.4%), hispanos (39,1%), y blancos no hispanos (34.3%), según datos de 2010 del CDC.

Población diana

El equipo, formado por investigadores de las universidades de Santiago de Compostela, Tennessee, Arkansas (EE UU) y del Instituto de Investigación de Economía Agrícola de Noruega, encontró diferencias muy significativas entre los consumidores que leen las etiquetas y aquellos que no lo hacen. Por un lado, el estudio recoge que la población fumadora examina mucho menos esta información. Según la investigadora, “su estilo de vida contiene ciertos hábitos poco saludables y, como consecuencia, nuestros resultados indican que puede ser que no se preocupen tanto del contenido nutricional de lo que comen”.

Además, la población que vive en la ciudad –el 49% de la muestra–, es la que más tiene en cuenta el etiquetado nutricional, así como las personas que tienen estudios de enseñanza media –40% de los encuestados– y los que tienen educación universitaria –17% de la muestra total–.

Por sexos, el 58% de los hombres lee habitualmente o siempre la información presentada en las etiquetas nutricionales, mientras que este porcentaje se incrementa hasta el 74% en las mujeres.

El impacto asociado, en general, es mayor en las mujeres que en los hombres”, añade. En término medio, las mujeres que leen la información nutricional tienen un índice de masa corporal 1,48 puntos menor, mientras que esta diferencia es solo de 0,12 puntos en hombres.

La investigación también recoge diferencias étnicas significativas. En este sentido, son las consumidoras blancas las que más reducen su índice de masa corporal (en torno a 1,76 puntos).

“Sabemos que esta información puede ser utilizada como un mecanismo de prevención hacia la obesidad. Hemos observado que leen más las etiquetas nutricionales las personas que viven en un ámbito urbano, con educación media o alta, como cabría esperar y, por tanto, se podrían diseñar campañas o políticas públicas que promuevan el uso del etiquetado nutricional también en menús de restaurantes y otros establecimientos públicos, para que se beneficie la población que come habitualmente fuera de casa”, concluye Loureiro.